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Por Edelweiss

Hace un par de días estaba antojada de la hamburguesa de pollo de KFC. Debo acotar que a mi no me gusta el pollo, normalmente no visito Arturo’s, ni Pollos Sabroso, ni Pollo Graduado, ni Church’s Chiken ni nada que se llame pollo.

Sin embargo, en KFC hay algunas cositas que me gustan, entre ellas, las hamburguesas que son un poco picositas y todo. Hay dos tipos: la de milanesa de pollo, que nunca hay, y la de pollo molido que es la medio picante.

Después de hacer la colita, me sorprendió mucho ver que la gorra y franela del uniforme decían “Maniáticos del servicio”. Aquella frase me dejó muda unos segundos y me llenó de esperanza porque pensé que alguien realmente estaba consciente de lo que significa prestar un buen servicio. Me impactó y me sonaron como campanas de fondo.

Hasta que volví a hablar y le digo al que atiende “dame por favor dos hamburguesas de pollo molido”. Y él responde: “disculpe, en este momento no tenemos pollo molido”. Al borde de la decepción, le pregunto “¿y de milanesa?”. Y escucho: “tampoco, no tenemos ningún tipo de hamburguesa”.

Después de la corta ilusión de la frase y el clásico amotinamiento al enterarme de que lo que quería, no lo tenían, me pregunté: ¿CUÁL ES LA MANÍA ENTONCES??? Y me fui a comer una insípida hamburguesa (nada picosa) en Mc Donald’s.

Y Adri agrega:

En KFC del Sambil casi nunca hay hamburguesa, lo sé porque yo sí busco cualquier cosa con pollo… y si es entre dos panes mejor (que lo digan en Burguer King que no salgo del King de Pollo) :p

En un principio pensaba que era por el horario en que yo iba (luego de las 9 de la noche, cuando terminaba clases en la Alianza Francesa), pero una vez me acerqué al mediodía (hora para que tengan de todo) y tampoco había.

Pero en qué se basa realmente mi queja? En lo siguiente:

Cuando logré que me prepararan una hamburguesa me llevé la decepción del año, se las describo: Pan, medio tarro de mayonesa, chancleta con sabor a pollo (o pollo con sabor a chancleta, como prefieran), capa de mayonesa, 1/2 Kg. de lechuga, el otro medio tarro de la mayonesa y pan… no tomate, no cebolla, no salsas varias, sólo lechuga, pan, chancleta/pollo y MA-YO-NE-SA… casi vomito :s

Por eso, y por la ‘manía de NO servir’, KFC quedó tachado de mi lista… además que ya me he ido reconciliando con Church’s Chicken =)

Por: Edelweiss

Ya me había ido muy bien en Cinex para ser verdad. Yo prefiero ir a ese cine antes de tener que ir a Las Trinitarias, porque ese centro comercial es un hervidero de desesperación y de gente que uno nunca se quiere encontrar. Así que prefiero Cinex, en Babilón o Metrópolis.

Sin embargo, hay un factor fundamental que es terrible en Cinex: el sistema de reservación. Somos muchos los que preferimos reservar porque no tenemos paciencia para hacer colas y además, tener la entrada segura al llegar. No sé si lo han intentado por teléfono, pero es imposible. En la cartelera en el periódico aparece un *cine para llamar desde el celular, donde NUNCA atienden. Como segunda opción aparece un 200.cine, número que de entrada parece raro, porque no es un 0500 o 0800, que es lo usual. Como en el número del asterisco jamás responden, la gente intenta con el 200. Hace mucho tiempo llamé del celular a ese número misterioso y me quedé loca cuando me cayó la contestadota de alguien que decía: “si usted está llamando a Cinex debe marcar 0212-2002463 -o sea, 0212-200.cine!!!-, y si en realidad me está llamando a mi, deje su mensaje”.  Claro, es lógico, 2002436 es el número Movilnet de alguien que ya debe estar harta de que la llamen para reservar entradas, y en ningún lado, 3 años después hacen ninguna aclaratoria al respecto. Ya ella debe haber cambiado su número.

Lo cierto es que, en ese 0212.200.cine no se puede reservar para el interior, jamás atiende alguien que no sea una contestadota, es un paquete, pues. Y la página web tiene un montón de advertencias que te dicen que no es una página segura, que no ingreses allí tus datos…y con la cantidad de veces que me han tumbado real por tarjeta de débito, ni loca meto mis datos en un sitio con semejantes advertencias.

Así que al ir a Cinex, no queda más que calarse la cola, que en Babilón, por ejemplo, suele ser más corta y rápida.

Fui al Metrópolis y el episodio “buzón de sugerencias”, ocurrió en la “dulcería” como le llaman ellos… Yo siempre prefiero hacer la cola mientras Nelson busca los puestos o hace la cola para entrar, saben por qué? Porque normalmente no hay lo que yo quiero comer y tengo que pensar en un plan B.

5 cajas, 4 cerradas. Ya por ahí vamos mal. Llega mi turno, pido dos perros un refresco grande, un Cocosete y además, dos cajitas de cotufas que estaban regalando con las entradas. Cuando tenemos todo el pedido sobre el mostrador, el cajero dice “tenemos todas las bandejas ocupadas, se lo va a tener que llevar así”. Y por supuesto, me activó el suiche. O sea, un perolero, un montón de cosas que se derraman, que no se pueden llevar varias a la vez en la mano porque alguna se va a caer, así seamos dos personas. Además, mi engreída condición de cliente, no me permite aceptar jamás una respuesta como “las bandejas están ocupadas”. Y le pregunto: “¿Tienen 3 mil personas en el cine y tiene sólo 100 bandejas?”…y él dándosela de pilas me responde: “Hay más de 3 mil personas en el cine ahora”. Entonces, me instalé en la caja y le dije que hasta que una de esas 3 mil no soltara una bandeja yo no me iba a mover de ahí con ese montón de cosas en la mano.

Sé que a veces pueden parecer exageradas esas reacciones, pero es justamente por el conformismo, por la resignación y por el “qué más queda”, que ningún servicio en este país sirve para nada y nadie se esfuerza por atender bien en los negocios… y tampoco por comprar suficientes bandejas para cuando se les llene el cuarto de agua.

El señor que estaba detrás de mí en la cola, visualizó por allá tirada una bandeja que alguien había dejado, sucia por supuesto, y me la trajo. Le digo entonces al cajero… ajá, y quién se encarga de esto, porque ni modo que me la lleve sucia??? Molesto, llamó a una de sus compañeritas para que me limpiara la bandeja y me la entregó. El señor de la cola me dijo que estaba bien, que había que quejarse para que las cosas medio funcionaran… me dio cuerda, pues.

Ahí se me pasó, porque una vez que tengo lo que quiero, esos arranques se me pasan rápido…pero me amotinan demasiado esas cosas tan básicas, sencillas, que no pueden ser cubiertas.

Por: Edelweiss

Cada día me convenzo más de que los servicios en este país tienen un diseño especial para volvernos locos a todos. Más todavía si son capturados por la poderosa mano de la revolución, verbigracia Movilnet, cuya atención al cliente nunca ha servido para nada, y ahora es peor.

Ayer fui a la oficina comercial de Movilnet en el Metrópolis para investigar sobre un trance que tenía con mi facturación. Pero después de perder dos horas de mi valioso tiempo (cosa que sólo puedo hacer en vacaciones), esperando estilo banco Provincial que saliera mi número, mi caso palideció al lado de la cantidad de cosas que escuché allí.

Tomé mi número y estratégicamente me quedé al lado de la señorita que los reparte, quien muy amablemente y con una gran sonrisa es especialista en dar respuestas negativas. Durante las dos horas me entretuve como es costumbre, observando el comportamiento de los demás, compartiendo esa pena colectiva de todos los que allí estábamos, llamada Movilnet. Escuché las calamidades de todo Barquisimeto, mientras cada cliente le planteaba a la niña en cuestión sus múltiples problemas, para los cuales nunca había una solución. He allí el punto principal de este post.

Cliente: “Ayer compré este teléfono y no me quiere agarrar las tarjetas”
Chica Movilnet: “Ay señor, hay problemas con el sistema prepago, todo el fin de semana ha estado así. Tiene que esperar que se solucionen los inconvenientes del sistema”.
Y mientras tanto, el señor no puede hacer nada con su telefonito nuevo, porque de paso, nadie le advirtió cuando lo compró, que ahora a Movilnet no le sirve nunca nada.

Cliente: “Mi teléfono está como bloqueado. No puedo hacer nada, parece que es una falla del equipo y quiero que me lo revisen”.
Chica Movilnet: “Pero eso es soporte técnico, señora y por aquí no arreglamos eso. Tendría que enviar el equipo a Caracas para que se lo arreglen allá porque aquí no podemos”
Y mientras tanto, la señora pone cara de ponchada, preguntándose cuánto tiempo tendría que estar su teléfono es Caracas, seguramente sin solución.

Cliente: “Necesitamos hacer un cruce de líneas entre estos dos teléfonos”
Chica Movilnet: “Pero eso no puede hacerlo ahorita, porque tenemos problemas con la plataforma y los cruces están suspendidos temporalmente. Tiene que venir después”
Y mientras tanto, los novios se quedaron con las ganas de cruzar sus líneas.

Cliente: “Vengo por segunda vez a cambiar este teléfono que compré aquí. El primero me salió malo, y el este también. Me dijeron que si tampoco servía viniera a cambiarlo”.

Chica Movilnet: “Ay, mi amor pero ese teléfono está agotado. Tiene que esperar que vuelvan a traerlos porque ahorita no tenemos”.

Y mientras tanto la doñita se tiene que quedar con su segundo aparato defectuoso, hasta que vuelvan a traer uno, que no se sabe si servirá….

Cliente: “Tengo un plan corporativo y necesito desincorporar unos números. Quiero saber qué hacer en ese caso”.
Chica Movilnet: “Ahorita no estamos atendiendo planes corporativos porque tenemos problemas con el sistema de post pago. Pero si es una línea jurídica, no la puede desactivar”
Y mientras tanto…raro es que le hubiera dicho que sí a algo….

Y así, problemas de pago, de líneas, aparatos y demás, para los cuales nunca hay una respuesta positiva. No hay, no tenemos, no sistema, no se puede, son las letanías que sustentan el funcionamiento de Movilnet.  Y me pegunto, ¿cómo pueden trabajar todos los días del mundo así? Cuando a las dos horas me tocó pasar, ya sentía insignificante mi inquietud.

Pero ya que estamos en esto de Movilnet, debo decir que las oficinas de Metrópolis y Las Trinitarias son dos cosas completamente disímiles. Parece que se tratara de dos empresas separadas, sobre todo por aquello de que, igualmente, al mejor estilo banco Provincial, cada operador te dice una cosa distinta. No hay información precisa, y es que ni siquiera manejan la misma información. Y la empresa crece y crece, cada día la gente compra celulares como loca y ellos no están capacitados ni para prestar un servicio medianamente decente para tanta gente, ni mucho menos para darles respuestas o solucionar sus problemas. Lo que importa es vender aparatos y líneas.

Como dato adicional: En Las Trinitarias nos atendieron mejor y nos dieron respuestas más coherentes… pero adivinen qué? No había sistema…

(La foto la tomamos prestada del Flickr de Huguito, sin permiso… por ahora)

Ya hemos reseñado algunos sitios y servicios negativos por los que tenemos que pasar a diario, pero este espacio también es para darle lugar a quien sí entienden lo importante de ATENDER BIEN a su público.

El turno es para Rancho Bel, en el C.C. Metrópolis de Barquisimeto y la anécdota comienza así:

Era el cumpleaños de mi suegra y, como es costumbre, el plan era salir por allí a comer y tomarse unos tragos no más, la pregunta era ¿dónde? Porque ninguno quería ir al lugar de siempre, con las pizzas de siempre y los mesoneros amargados de siempre (no exagero, siempre terminamos celebrando los cumpleaños en el mismo sitio). Y entre sugerir y decidir todos apoyamos la sugerencia de ir a Rancho Bel… cero expectativas o predisposiciones.

Llegamos a eso de las 9:20 pm y, mientras ordenamos las bebidas y observamos el sitio, a mi suegro se le ocurre preguntar a qué horas cierran y le contestan que a las 10 :s ¡Pánico! Éramos 6 personas (+2 que faltaban por llegar), jamás íbamos a poder ordenar, comer y celebrar en menos de media hora… todos pusimos cara de tristeza y dijimos “Bueno, será que nos vamos”, pero el jefe de mesoneros (digo yo que era el jefe porque su uniforme era diferente) se nos acercó con total amabilidad a decirnos que no había ningún apuro, podíamos quedarnos a comer y celebrar sin problema… sólo nos pidió que ordenáramos la comida de una vez porque la cocina sí cerraba puntialita a las 10. No se dijo más y nos quedamos =)

De ahí en adelante la atención fue de primera, los mesoneros nos explicaban los platillos y sus contornos con mucha cordialidad, nos hacían recomendaciones y estaban siempre muy pendientes de tener a la mano cualquier cosa que necesitáramos: bebidas (alcóholicas y no alcohólicas, según el caso), agua, soda, servilletas, los cubiertos adecuados y hasta las copas adecuadas (no hay nada peor para nosotras que llegar a un sitio y que nos sirvan, por ejemplo, la cerveza en una jarra ideal para vikingos).

Otro punto a favor fue la comida, no sé si a ustedes les pasa lo mismo pero yo suelo desilusionarme mucho de un sitio cuando veo algo súper apetitoso y bien presentado en el menú y en lo que me lo llevan a la mesa parece una bandeja de feria de las comidas de un centro comercial, todo amontonado al estilo ‘como caiga’. Aquí no, lo que ven en la carta es lo que reciben… como para tomarle fotos antes de comenzar a comer.

Finalmente, cantamos cumpleaños, repartimos la torta (hasta a los mesoneros y bartenders les tocó un pedacito), pagamos por supuesto y nos fuimos con una gran sonrisa y, lo más importante (¡atención empresarios!), nos quedaron ganas de volver… algo que creo debería ser la norma en la mayoría de los sitios.

Y para que no digan que es sólo UNA opinión, dense un paseo por el blog de Edelweiss y verán que, coincidencialmente, ella también fue (por su cuenta y en un día diferente) y comparte las mismas impresiones que les acabo de narrar.

Quejorio

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