Por: Edelweiss

Cada día me convenzo más de que los servicios en este país tienen un diseño especial para volvernos locos a todos. Más todavía si son capturados por la poderosa mano de la revolución, verbigracia Movilnet, cuya atención al cliente nunca ha servido para nada, y ahora es peor.

Ayer fui a la oficina comercial de Movilnet en el Metrópolis para investigar sobre un trance que tenía con mi facturación. Pero después de perder dos horas de mi valioso tiempo (cosa que sólo puedo hacer en vacaciones), esperando estilo banco Provincial que saliera mi número, mi caso palideció al lado de la cantidad de cosas que escuché allí.

Tomé mi número y estratégicamente me quedé al lado de la señorita que los reparte, quien muy amablemente y con una gran sonrisa es especialista en dar respuestas negativas. Durante las dos horas me entretuve como es costumbre, observando el comportamiento de los demás, compartiendo esa pena colectiva de todos los que allí estábamos, llamada Movilnet. Escuché las calamidades de todo Barquisimeto, mientras cada cliente le planteaba a la niña en cuestión sus múltiples problemas, para los cuales nunca había una solución. He allí el punto principal de este post.

Cliente: “Ayer compré este teléfono y no me quiere agarrar las tarjetas”
Chica Movilnet: “Ay señor, hay problemas con el sistema prepago, todo el fin de semana ha estado así. Tiene que esperar que se solucionen los inconvenientes del sistema”.
Y mientras tanto, el señor no puede hacer nada con su telefonito nuevo, porque de paso, nadie le advirtió cuando lo compró, que ahora a Movilnet no le sirve nunca nada.

Cliente: “Mi teléfono está como bloqueado. No puedo hacer nada, parece que es una falla del equipo y quiero que me lo revisen”.
Chica Movilnet: “Pero eso es soporte técnico, señora y por aquí no arreglamos eso. Tendría que enviar el equipo a Caracas para que se lo arreglen allá porque aquí no podemos”
Y mientras tanto, la señora pone cara de ponchada, preguntándose cuánto tiempo tendría que estar su teléfono es Caracas, seguramente sin solución.

Cliente: “Necesitamos hacer un cruce de líneas entre estos dos teléfonos”
Chica Movilnet: “Pero eso no puede hacerlo ahorita, porque tenemos problemas con la plataforma y los cruces están suspendidos temporalmente. Tiene que venir después”
Y mientras tanto, los novios se quedaron con las ganas de cruzar sus líneas.

Cliente: “Vengo por segunda vez a cambiar este teléfono que compré aquí. El primero me salió malo, y el este también. Me dijeron que si tampoco servía viniera a cambiarlo”.

Chica Movilnet: “Ay, mi amor pero ese teléfono está agotado. Tiene que esperar que vuelvan a traerlos porque ahorita no tenemos”.

Y mientras tanto la doñita se tiene que quedar con su segundo aparato defectuoso, hasta que vuelvan a traer uno, que no se sabe si servirá….

Cliente: “Tengo un plan corporativo y necesito desincorporar unos números. Quiero saber qué hacer en ese caso”.
Chica Movilnet: “Ahorita no estamos atendiendo planes corporativos porque tenemos problemas con el sistema de post pago. Pero si es una línea jurídica, no la puede desactivar”
Y mientras tanto…raro es que le hubiera dicho que sí a algo….

Y así, problemas de pago, de líneas, aparatos y demás, para los cuales nunca hay una respuesta positiva. No hay, no tenemos, no sistema, no se puede, son las letanías que sustentan el funcionamiento de Movilnet.  Y me pegunto, ¿cómo pueden trabajar todos los días del mundo así? Cuando a las dos horas me tocó pasar, ya sentía insignificante mi inquietud.

Pero ya que estamos en esto de Movilnet, debo decir que las oficinas de Metrópolis y Las Trinitarias son dos cosas completamente disímiles. Parece que se tratara de dos empresas separadas, sobre todo por aquello de que, igualmente, al mejor estilo banco Provincial, cada operador te dice una cosa distinta. No hay información precisa, y es que ni siquiera manejan la misma información. Y la empresa crece y crece, cada día la gente compra celulares como loca y ellos no están capacitados ni para prestar un servicio medianamente decente para tanta gente, ni mucho menos para darles respuestas o solucionar sus problemas. Lo que importa es vender aparatos y líneas.

Como dato adicional: En Las Trinitarias nos atendieron mejor y nos dieron respuestas más coherentes… pero adivinen qué? No había sistema…

(La foto la tomamos prestada del Flickr de Huguito, sin permiso… por ahora)

Anuncios

Por Edelweiss (Foto de Adri en Subway del C.C. Arca)

Eso de guardar los tickecitos que le dan a uno en Subway nunca ha sido mi hobby porque tengo muy poca paciencia para eso. Sin embargo, a Nelson le agrada guardar estratégicamente cada papelito que parece una estampilla y pegarlo en el cartoncito Subway. Y a la larga es fino, porque con el cartón lleno, tienes un sánduche como recompensa por ser cliente fiel.

Con el fulano cartón lleno, como si se tratara de un álbum de barajitas, fuimos al Subway del Churún Merú, y nos confirmaron lo que ya habíamos oído antes: Ya que los han estado falsificando, hay que llevar junto con el cartón y las ocho estampillas pegadas, las ocho facturas que comprueben que tú compraste esos sánduches… “¡¿Las ochoooo???!!!!”, exclamamos-preguntamos al unísono, y el vendedor respondió: “bueno, por lo menos seis”, que es más o menos lo mismo, al final.

Tal vez ustedes lo sabían desde hace tiempo, tal vez y hasta cargan su montón de facturas en la cartera o ya las han cambiado y todo, pero a mi eso me parece totalmente absurdo, un método con el cual se pierde el sentido de esa eterna promoción en el momento en que tú tienes que demostrar que mereces ese sánduche.

Si ya de por sí es una ladilla guardar los tickecitos que son mínimos, que se pierden, que uno no los guardó junto con el cartón y tiene uno por aquí, y el otro por allá… cómo será la ladilla ahora de tener que cargar encima las facturas de cuanto sánduche uno se come en Subway. Ni hablar del papelero en la cartera, como si uno no tuviera ya que guardar suficientes cosas a diario. Si es una mujer, seguramente en algún cambio de cartera habrá un pelón y se quedan las facturas, y si es un hombre, seguramente esté perdido sin idea de dónde las puso. Y si es precavid@, entonces andará con la cartera full de facturas. Y qué pasa con aquella nota de “tengo el cartón lleno y se lo regalo a un pana para que coma en Subway”, como lo vi tantas veces.

Pensando en todo eso, le pregunto al vendedor “pero la gente sí hace eso, guardan todas las facturas, para venir luego… 1, 2, 3 meses después a cambiarlo?”… Él respondió: “claro, todos lo hacen”. ¿Será verdad? De ser así, yo los admiro…

En uno de los ataques estilo “Edelweiss”, Nelson rompió en el mostrador el cartoncito lleno…después de todo, luego de haberlo completado, qué iba a hacer? ¿Esperar comer 8 veces más allí para acumular las 8 facturas que avalaran esos tickets? Ni que nos la pasáramos metidos en Subway….Finalmente, hicimos la compra normal y él pegó las estampillas nuevas en la factura que nos dieron, cosa más lógica para este procedimiento. Y digo “las estampillas”, porque en vista de que les faltaban 200 bolívares viejos para darnos el vuelto, nos dieron dos estampillas de más, que a la larga no sirven de nada, porque en total tendríamos tres estampillas y una sola factura. ¿No es un completo sinsentido?

Yo entiendo que no quieran ser víctimas de trampas y engaños, pero el cliente es el que siempre tiene que pagar los platos rotos con medidas poco prácticas y ridículas como esta. Y por eso también me quejo!

Por: Edelweiss

Ser diabético en esta ciudad es sinónimo de ser siempre, siempre mal atendido en las farmacias. No importa la época, si la medicina es nueva o vieja, lo más seguro es que el farmaceuta, sea doctor y vendedor, no tenga ni la menor idea de lo que estás hablando.

Llegué el domingo a Locatel en busca de las agujas que uso para inyectarme insulina. No son inyectadoras comunes, porque uso un “pen” estilo lapicero, que lleva unas agujitas como tapitas que son las que logran la inyección. Hay que decir “tapitas” porque sino, siempre ellos pensarán que se trata de las jeringas.

Pregunto “tienes agujitas para pen BD Ultrafine” (marca que uso). Y la doctora me responde “sí, hay de 5 y de 8” (que son los milímetros) Ohhh qué rápido, no lo podía creer. Cuando me trae la caja, no eran BD Ultrafine, sino otra marca, que ya he usado antes, pero no es mi marca de confianza pues. Las Novofine. Y le pregunto “pero no tienes Ultrafine?”, y ella responde “no, pero esas le sirven a todos los pen, es lo mismo”.

Raro en mí, me conformé con esa respuesta y me las llevé. Pero la acción duró poco porque apenas me monté en el carro, dudé mucho de la similitud entre ambas agujas y destapé la caja, saqué una aguja y efectivamente, las Novofine eran 8mm, pero enoooormes, nada parecidas a mis acostumbradas Ultrafine.

Sin pensarlo mucho, Nelson cerró la caja como si nada y se bajó para preguntar si había otras más pequeñas, de otro número en esa marca, y cambiarlas. Me fue a buscar al carro porque no estaba seguro de la cosa, y cuando llegué al mostrador estaba la doctora con dos cajas de BD Ultrafine …. ¿qué significa??

Le digo “ah, pero sí tenías Ultrafine”, y ella responde: “ sí, pero unas muy grandes y unas muy chiquitas para niños o personas muy delgadas”. Hasta donde yo sé, yo soy una persona muy delgada, e independientemente de eso, lo que me pregunto y me estresa es ¿qué le hace pensar a ella QUE NO LAS VOY A QUERER SI SON MUY GRANDES O MUY CHIQUITAS? ¿Bd Ultrafine no fue lo primero por lo que pregunté, y por lo que insistí cuando vi las Novofine?, entonces qué le importa a ella si son grandes o son pequeñas, si es la marca que yo me quería llevar desde el principio.

Resulta que las agujitas de niño que ella decía, son mis preferidas de todas porque justamente, son bastante pequeñas y cómodas para los que nos tenemos que inyectar varias veces todos los días, y que como todas las cosas importadas, no se consiguen con frecuencia por estos lares.

Finalmente, me llevé las que quería, pero el punto en este caso es la decisión apresurada que por mí había tomado la doctora de Locatel del este. Inferir y decidir, porque según ella todas son lo mismo….y este cuento no es nada para las barbaridades que mi padre y yo hemos oído con respecto a insulinas, lancetas, glucómetros…que puede ser que a ustedes no les suene, pero no les suene a los que los venden??? Nooooo!!!

Ya hemos reseñado algunos sitios y servicios negativos por los que tenemos que pasar a diario, pero este espacio también es para darle lugar a quien sí entienden lo importante de ATENDER BIEN a su público.

El turno es para Rancho Bel, en el C.C. Metrópolis de Barquisimeto y la anécdota comienza así:

Era el cumpleaños de mi suegra y, como es costumbre, el plan era salir por allí a comer y tomarse unos tragos no más, la pregunta era ¿dónde? Porque ninguno quería ir al lugar de siempre, con las pizzas de siempre y los mesoneros amargados de siempre (no exagero, siempre terminamos celebrando los cumpleaños en el mismo sitio). Y entre sugerir y decidir todos apoyamos la sugerencia de ir a Rancho Bel… cero expectativas o predisposiciones.

Llegamos a eso de las 9:20 pm y, mientras ordenamos las bebidas y observamos el sitio, a mi suegro se le ocurre preguntar a qué horas cierran y le contestan que a las 10 :s ¡Pánico! Éramos 6 personas (+2 que faltaban por llegar), jamás íbamos a poder ordenar, comer y celebrar en menos de media hora… todos pusimos cara de tristeza y dijimos “Bueno, será que nos vamos”, pero el jefe de mesoneros (digo yo que era el jefe porque su uniforme era diferente) se nos acercó con total amabilidad a decirnos que no había ningún apuro, podíamos quedarnos a comer y celebrar sin problema… sólo nos pidió que ordenáramos la comida de una vez porque la cocina sí cerraba puntialita a las 10. No se dijo más y nos quedamos =)

De ahí en adelante la atención fue de primera, los mesoneros nos explicaban los platillos y sus contornos con mucha cordialidad, nos hacían recomendaciones y estaban siempre muy pendientes de tener a la mano cualquier cosa que necesitáramos: bebidas (alcóholicas y no alcohólicas, según el caso), agua, soda, servilletas, los cubiertos adecuados y hasta las copas adecuadas (no hay nada peor para nosotras que llegar a un sitio y que nos sirvan, por ejemplo, la cerveza en una jarra ideal para vikingos).

Otro punto a favor fue la comida, no sé si a ustedes les pasa lo mismo pero yo suelo desilusionarme mucho de un sitio cuando veo algo súper apetitoso y bien presentado en el menú y en lo que me lo llevan a la mesa parece una bandeja de feria de las comidas de un centro comercial, todo amontonado al estilo ‘como caiga’. Aquí no, lo que ven en la carta es lo que reciben… como para tomarle fotos antes de comenzar a comer.

Finalmente, cantamos cumpleaños, repartimos la torta (hasta a los mesoneros y bartenders les tocó un pedacito), pagamos por supuesto y nos fuimos con una gran sonrisa y, lo más importante (¡atención empresarios!), nos quedaron ganas de volver… algo que creo debería ser la norma en la mayoría de los sitios.

Y para que no digan que es sólo UNA opinión, dense un paseo por el blog de Edelweiss y verán que, coincidencialmente, ella también fue (por su cuenta y en un día diferente) y comparte las mismas impresiones que les acabo de narrar.

Por: Yayo

Buenas tardes,

Los molesto con mi correo ya que me parece que ustedes como franquicia reconocida y de larga trayectoria en el país debe conocer lo que opina un cliente sobre uno de sus restaurantes.

Vivo en Barquisimeto, lamentablemente no puedo hablar bien sobre este restaurante ya que hay muchas cosas que deberían poner atención porque se nota la caída en la calidad del servicio que prestan en Barquisimeto. Entre algunas cosas que les puedo comentar:
* Restaurante Sucio: al entrar al restaurante se puede observar lo sucio que están los pisos, ventanas, mostradores, techos, baños. Lo cual a la primera no da buena impresión.

* No tienen aire acondicionado en buen estado.

* No sirven los extractores por lo que los clientes salen del restaurante con un exquisito aroma de comida impregnado en el cuerpo y ropa.

* De 2 cajas registradores que existen, solo presta servicio 1 lo cual hace que se creen largas colas para realizar los pedidos.

* Crew mal presentados, los empleados que están es esta tienda en primer lugar tienen un carnaval de “uniformes”, de uniforme lo único que tienen es el nombre. Todos los empleados tienen uniformes distintos. Las chicas despeinadas, los chicos lucen sucios lo cual no ayuda a tener una buena impresión.

* Los empleados no conocen los GUANTES.

* Comidas mal presentadas, creo que debería ser una norma la presentación de las hamburguesas. El abrir el envoltorio en que presentan una hamburguesa pasa a ser una tragedia cuando se le ve la cara a la misma… NO PROVOCA COMÉRSELA.

* Las papitas fritas no son crujientes.

* Las ensaladas ademas de que no son frescas, en ocasiones he observado que no se percatan de revisar si los tomates y/o lechugas están en buen estado. Aparte que nunca tienen el aderezo que acompaña a cada ensalada y le ofrecen al cliente cualquier otro aderezo sin importarle la “Receta original de Wendy’s”

* Lo mismo sucede con las Papas Asadas, nadie certifica la calidad de las papas el día que me provocó comerme una papa asada con queso, al picar a la mitad la misma vi con mucho asco que en ella habitó en algún momento algún gusano que por desgracia no tuvo tiempo de escapar y que por suerte NO ME COMÍ.

* No existe vigilancia formal en el estacionamiento, pero cuentan con un calificado grupo de “Centinelas callejeros” que aunque no te cuidan el vehículo, si te exigen pago pos sus “Servicios de Vigilancia”.

* Carencia de Supervisores, esta apreciación la hago en primer lugar porque el único Supervisor que observé en la tienda estuvo todo el tiempo preparando Papas Fritas con un gorrito en la cabeza y en segundo lugar lo digo porque si existiese Supervisor en ese restaurante, todos los puntos arriba mencionados no fueran ciertos.

Invito a que se den una vuelta por este restaurante en calidad de clientes y no de personal de la franquicia para que se den cuenta que todo lo que les digo es cierto.

Les escribe un cliente asiduo a su restaurante (actualmente por necesidad ya que no cuento con otro restaurante de comida rápida cerca) y espero que sirva de algo mi correo.

Este post sería más o menos como una continuación del anterior, pero en una franquicia diferente… aunque en el fondo son lo mismo :s

Por supuesto no narraré de nuevo mi calvario de andar buscando como alma en pena los libros que me faltan para completar la serie de La Torre Oscura, ya hasta me parezco al cuento de la Llorona (pero en vez de buscar a ‘mis hijos’ busco a ‘mis libros’).

Lo cierto es que por razones de comodidad y falta de vehículo no frecuento uno de los nuevos centros comerciales de la ciudad, el Metrópolis (que está al otro lado de la ciudad), de hecho creo que he ido como tres veces nada más. Y fue precisamente en una de esas escasas oportunidades que se me ocurre entrar a la librería Nacho, como para ver si tengo algo de suerte aquí… es un lugar bonito, amplio y bien iluminado, pero la atención es de bodega.

Todo comienza así: Aún no entro a la tienda, sólo veo los libros que tenían en exhibición, y claramente se notaba que los ‘facilitadores’ del lugar estaban algunos echando cuento entre ellos y otros ordenando estanterías. Bastó que pusiera un pie dentro del lugar para que, los que charlaban, corrieran cada uno a agarrar un trapeador o una escoba o fueran al depósito, por supuesto sin responder ningún tipo de saludo ni acercarse por lo menos por mecánica curiosidad para saber si yo andaba buscando algo en particular… se hicieron los locos pues.

Luego de mirar por encimita entre un par de libreros me acerco a una chica (la única que no se escondía entre los pasillos) que estaba limpiando uno de los estantes y le suelto mi ya acostumbrada pregunta “Por dónde se encuentran los libros de Stephen King?”, y muy al estilo Andrés López me contesta torciendo la boca “por allᔓAh” <- inserten aquí una mirada de desprecio.

Logro descifrar a cuál pasillo se refería y comienzo mi búsqueda… nada… logro interceptar a otra muchacha y a esta fue como hacerle una pregunta de física cuántica, porque creo que ni sabía que existía un escritor con ese nombre, y con algo de fastidio va y le pregunta a la que estaba limpiando (sí, a la del “por allá”), por supuesto consigue una respuesta más específica y entonces se pone a buscar, pero lo hace de la forma como yo lo hice: libro por libro y entrepaño por entrepaño. Luego de 10 minutos su uni-neurona despierta y dice “Y si lo buscamos en el sistema??” <- inserten aquí una expresión nula de ¿Y si tienen sistema por qué no comienzan por ahí?

Sin embargo, uno de sus compañeros vino al rescate (de ella) y comenzó a buscar también (no, no por ‘el sistema’ sino de libro en libro y de entrepaño en entrepaño). Finalmente sale ooootro compañero más del depósito y este de una vez supo de que le estaba yo hablando y ubicó el libro casi de inmediato (el #6)… y fue el ÚNICO en demostrar una gota de amabilidad (bravo muchacho, lástima que te mandan pal depósito) ¬_¬

El momento de pagar no fue la excepción, al parecer hasta la cajera estaba molesta porque llegué yo fastidiarles el día poniéndolos a buscar unos libros… que horror, cómo se me ocurre a mí hacerlos TRABAJAR!

Al salir del lugar se escucharon sólo mis pasos, porque ni un murmuro de “Gracias” les dejé…

Por Edelweiss

Ahora, si hay algo peor que llamar a Inter, es llamar a Movilnet. Estoy consciente de que es el peor servicio telefónico que existe, pero es el que tengo. Sin embargo, puedo decir que, desde que lo uso he estado satisfecha con el servicio, los planes que he tenido, etc., aunque nunca conforme con los modelitos de teléfono que son como del año 10. Nada GSM, nada de tecnología.

En fin, lo que no sirve para nada es el bendito 611, número de atención al cliente. La situación puede ser cualquiera, usted puede llamar por cualquier motivo, a cualquier hora y siempre obtendrá la misma respuesta. Ilustraré las más recientes que tuve:

Adquirí un nuevo plan, para lo cual debía también, adquirir una nueva línea. Tengo la vieja y como no voy a pagar dos planes, llamo al 611 para que me cancelen el plan viejo. Después de que al fin alguien atiende, te hace recitar el número de cel, el nombre, la cédula y pronuncia un mecánico “en qué puedo servirle”, le explico lo de la línea nueva, la línea vieja, y que quiero cancelar mi antiguo plan. La respuesta es:

“Disculpe señora Asuaje, en estos momentos no podemos cumplir con su requerimiento porque estamos presentando un problema con la plataforma que en breve será resulto. Intente llamar más tarde para que podamos atenderle”.

Eso me lo dijeron a las 11 a.m., a las 3 p.m. y a las 9 p.m., cuando me faltaban 3 días para el vencimiento de mi renta. La fecha llegó y jamás me dieron una respuesta distinta. Lo dejé así, algún día tendré tiempo para ir a hacer las colas tipo Mercal que se hacen en Movilnet.

Entonces, empieza el trance de la línea nueva que es postpago, y no sabía muy bien cómo era el maní porque yo toda la vida había sido prepago. Cuando compré la línea me dijeron que el corte sería 22 o 23, sin mucha seguridad. El 22, al no reponerme los minutos para llamar, yo sólo quería confirmar cuándo sería mi fecha de corte, para estar segura como buena maniática, pues.

Llamo al 611, recito el número de cel, el nombre, la cédula y después del mecánico “en qué puedo servirle”, explico que quiero saber mi fecha de corte porque la línea es nueva, y quiero saber con exactitud y tal. La respuesta fue:

“Disculpe señora Asuaje, en estos momentos no podemos cumplir con su requerimiento porque estamos presentando un problema con la plataforma que en breve será resulto. Intente llamar más tarde para que podamos atenderle”.

Las siguientes veces que llamé, le preguntaba a los operadores, después del mecánico “en qué puedo servirle”, si de verdad podía servirme, si la plataforma funcionaba y no iba a seguir perdiendo tiempo. ¿Qué clase de paciencia hay que tener para poder calarse un servicio como ese? Si vas personalmente a las oficinas, es una odisea similar a la de los bancos: “no hay línea”, hay que hacer una cola infernal y perder por lo menos dos horas de tu vida ahí. Si llamas al 611 te quieren volver loco con el tema de la plataforma.

Yo estoy por validar la teoría de Claudio Nazoa de que los habitantes de este país somos un experimentos de los extraterrestres, y ellos gozan desde lejos viéndonos enloquecer con tantas cosas anormales que pasan aquí.

No conforme con eso, una que al fin me dijo algo distinto, me dice: “Pero es que usted tiene que pagar los 22, ayer debió haber pagado, si no lo ha hecho, no le reponen los minutos, y luego tiene que esperar 48 horas para que se los repongan”. Esa en realidad, no sé donde trabaja, porque los servicios post pago, no se pagan antes de consumirse, hasta donde yo se. Era mi primer mes, se supone que debo esperar que me facturen, no pagar un mes por haberlo comprado 3 días antes de la fecha de corte. Y lo de las 48 horas, no sé de verdad dónde lo leyó.

Nelson, que también tiene ese plan, se armó de paciencia para perder sus dos horas en la oficina Movilnet. Lo más loco de todo fue que al entrar, uno de los que está en la puerta le dice que si va a pagar sólo puede hacerlo con tarjeta de débito y ahí, no en taquillas de paso, como teníamos entendido.

A mi no entra en la cabeza que personas que trabajan en una misma empresa manejen informaciones tan diferentes y que además, son claves para el funcionamiento servicio-cliente. Lo mismo pasa en casi todos los bancos cuando uno pide requisitos para algo.

Lo cierto es que la persona que finalmente atendió a Nelson, le explicó que el 24 era el corte, que obviamente hay que pagar DESPUÉS de que se genere la factura, que sí se puede pagar en cualquier taquilla de paso con efectivo, tarjeta, lo que sea. En fin, sólo queríamos saber cuándo era el corte, por teléfono nunca nos pudieron responder por la fulana plataforma, y como adicional, nos dieron un montón de información que no estábamos pidiendo y que de paso no era cierta, para terminar de confundirnos y por supuesto, odiarlos más.

Me pregunto si hoy está funcionando su plataforma…

Por: Edelweiss

A pesar de ser su cliente fiel, en Intercable siempre me han tratado como a una retrasada, ignorante y engañada mujer cuyo marido le consume los megas mientras ella trabaja. Muchos de ustedes seguramente, saben cómo es convivir con el ahora Inter: es indispensable, pero cuando hay alguna falla o reclamo, los quieres desaparecer del mapa. Es como un matrimonio conflictivo.

De pronto mi compu no se conectaba, las páginas no cargaban o se tardaba 5 horas para hacerlo. ¿Qué queda? Llamar el 0500 INTER 00, que es lo peor que a uno le puede pasar, aparte de que te corten el servicio. No llamé menos de 10 veces y sus respuestas fueron siempre las mismas:

Ok, vamos a desconectar el cable de red de la corriente.
¿Su cable es como el de las conexiones telefónicas? Ok, entonces vamos a desconectarlo unos segundos…. Y vamos a resetear el cable módem
¿Posee un router o tiene la conexión directa?
¿Cuántas luces de su cable módem están encendidas?
Ok, intente abrir una página cualquiera (la cual por lo general, abría después de esta conversa, y se volvía a colgar minutos después)
Todo parece funcionar bien, SEÑORA! Asuaje, si el problema persiste, no dude en volver a llamar, recuerde que en Inter estamos para servirle.

Una rutina normal que funciona para verificar cualquier fallita de conexión. Pero cuando la cosa se repite una y otra vez, la lógica indica que algo anda mal y que el reseteo no es suficiente. Entonces, esperanzadamente vuelvo a llamar, aún en tono de cliente amable y necesitada y les digo: Ya hicimos toda la rutina de desconectar los cables, el reseteo y eso. Funcionó un ratico y luego vuelve el problema. Y el operador responde: “Ok, señora Asuaje, vamos a desconectar el cable de red” …y todo vuelve a empezar. %$%&/## ¿Qué le acabo de decir???? La segunda vez está bien para verificar, pero sin exagerar que es mi costumbre, fueron como 6 veces lo mismo y al final ese “presentimiento” errado de que todo andaba bien.

Hubo excepciones: Una chica que me hizo cambiar el IP, que no sirvió de nada pero al menos intentó algo más, y otro que me dijo la única respuesta con sentido: “Noto un desperfecto en su cable módem fechado desde hace 6 años, tal vez necesite reemplazarlo”. Aquello tenía lógica y quedamos en que me enviaría un técnico para revisar y cambiarlo, de ser necesario. Entre mi viajadera y ajetreo diario, la verdad es que pasaron unos días y se me olvidó, hasta que el domingo me despertó ese recuerdo a las 7 de la mañana, y volví a llamar para ver dónde estaba el técnico. Y qué respondieron? “Es que verificamos que no tiene ninguna falla en su cable módem y cancelamos la visita del técnico”. Ajá, ellos lo verificaron, pero yo tenía la misma falla en el servicio…. Y qué ocurrió?? Lo esperado: Tuve que volver a empezar el cuento, y… “Ok, señora Asuaje, vamos a desconectar el cable de red”. La amabilidad es fundamental, pero la solución también.

Para el momento ya estaba lo suficientemente histérica, y sin amabilidad, tuve que calarme el tema de los cables, ya sin obedecer porque era lo mismo del principio. Y peor aún, comenzaron sus suposiciones abstractas:

– En una primera vez, me preguntan: ¿Qué explorador utiliza? Y respondo: Mozilla. “Aaaah es que Mozilla siempre presenta ese problema” …Siempre cuando? ¿6 años después es que me viene a decir eso?
– En una segunda vez me hacen exactamente la misma pregunta, y yo respondo: Internet Explorer. A lo que me indican: “¿Y no ha tratado de probar con Mozilla?” …pónganse de acuerdo…
– Luego me dicen…qué programa de antivirus tiene instalado? Pero obvio, cualquier respuesta que diera iba a estar precedida de una sugerencia de otro antivirus, porque sus geniales suposiciones indicarían que es un virus lo que me puso así la compu. Claro, que eso puede pasar, pero al revisar y chequear, sabes que algo no anda bien con la conexión, pero ellos JAMÁS lo van a admitir.

Finalmente, cuando mi poca paciencia se agotó, me tragué a un incauto diciéndole que revisara las llamadas que ellos supuestamente graban porque ya estaba harta de echar el mismo cuento y que no hicieran nada. Que esa vez estaba llamando a soporte técnico, para que me lo resolvieran de una vez por todas porque ya estaba harrrrrta (con ese énfasis en la R). No más preguntas, no más peloteos, yo lo que quiero es una solución. Me respondió que iban a monitorear mi máquina –cosa que nunca creo- y que iba a enviarme al técnico.

Lo cierto es que no sé que sucedió, pero al día siguiente, un argentino llamó a mi papá -quien es el abonado- y de parte de Inter le dijo que todo estaba bien, que ya la conexión andaba normal. Y así fue… rápida nuevamente. Conectada como siempre. Ajá, entonces, si pueden detectar el error, lo pueden arreglar rápido ¿para qué hacen perder a uno tanto tiempo con esas llamadas inútiles????

“Ok, vamos a desconectar el cable de red de la corriente…”

Aunque siempre me ha gustado leer, es desde hace poco tiempo (10 años tal vez) que me he ido entregando al divino vicio de buscar libros según mis gustos de lectura y comprarlos (antes generalmente eran prestados). Y para mí era genial entrar a una librería, pequeña o grande, sentir el olor a ‘libro nuevo’, buscar y saber que en cualquier momento de mi búsqueda podía detenerme a preguntar a algún vendedor o encargado por la existencia de algún ejemplar en particular. Siempre era atendida, con mayor o menor grado de amabilidad, pero nunca me fui sin una respuesta satisfactoria de ninguna librería.

Todo cambió con la llegada de las franquicias (no quiero decir que las franquicias sean malas, pero igual noto un patrón aquí), porque repitiendo lo descrito en el post anterior, la relación comienza muy bonita: caras sonrientes, amabilidad desbordante y respuestas para todo, hasta el “Está agotado” suena bonito… pero ese amor se acaba pronto.

En un principio, cuando por cualquier motivo me tocaba ir al CCC Las Trinitarias, una de mis paradas obligadas sin excepción era Tecni-Ciencia Libros, y creo que no había día que no saliera con un libro en la mano, pero ahora que el servicio ha estado decayendo lo pienso dos veces para entrar (sólo lo hago si tengo un libro específico en mente)… lo mismo aplica para la tienda del Sambil.

Lo que me lleva a escribir esto es una situación en particular: desde Diciembre mi novio y yo hemos estado buscando la serie de libros de La Torre Oscura, de Stephen King; acoto que sin querer compramos un ejemplar y resulta que era el último de la serie, osea, no entendimos nada cuando intentamos leerlo; resulta que luego de documentarnos mejor caímos en cuenta que eran 7 libros en total y bueno, comenzamos con la búsqueda de los 6 primeros… tomando en cuenta lo difícil que ya estaba la distribución de libros en el país. Al cabo de un mes conseguimos el Tomo I (El pistolero), lo leímos y por supuesto quedamos con ganas de más. Tiempo después, mientras buscábamos el Tomo II (La llegada de los tres), conseguimos el VI (Canción de Susannah), y así hemos estado hasta el sol de hoy, cuando nos siguen faltando el Tomo II y el IV… nada de suerte.

A todas estas, por cuestión de comodidad y cercanía terminamos yendo a Tecni-Ciencia (hay otras librerías en el perímetro, pero suelen tener un ‘horario de oficina’ nada práctico para nosotros). Es entonces cuando hemos padecido lo peorcito del servicio, cuando nos atienden, claro: miradas de fastidio (acompañadas de resoplidos de pereza), respuestas ininteligibles (“Disculpe, por dónde están los libros de Stephen King?”, a una encargada, “mñmñnñnñn-llá”, medio levantando el dedo y sin quitar la vista de un papel en sus manos) y hasta indiferencia total… prueba de mi invisibilidad pues. Pero la respuesta que más me ha dado risa sucedió en la tienda del Sambil, y demuestra la falta de preparación que tienen estos trabajadores en su ocupación: El día que consigo el Tomo III (Las tierras baldías), mientras estoy pagando, le pregunto a la chica de la caja “¿Será que saben cómo para cuando les llega el resto de los tomos?” y le explico que los he ido comprando de forma desordenada porque no llegan todos etc. etc. etc… ella le da un vistado al título del libro y me dice (en tono muy guaro) “Ay pues yo no sé, porque como a mí no me interesan ese tipo de libros pues no estoy pendiente de si los han traído todos o no”… ¿no es como para ahorcarla?!! No sé, tantas cosas que hubiese podido decir, para quedar mejor ella y dejar bien parada a la tienda: “La distribución de libros ha estado difícil y no tenemos fecha exacta…”, o “No señorita, no sé, pero seguramente la encargada debe tener alguna información…”, algo que sonara a que pensó!!!! :s

En fin, yo sigo con mi búsqueda sin fin… no sé, tal vez volviendo a las raices de las buenas pequeñas librerías (y escapándome del trabajo para poder conseguirlas abiertas) logre completar mi colección inconclusa.

Era un viernes como cualquier otro, típico de salir a almorzar por ahí con los panas, y caimos en la hasta entonces nueva feria de las comidas del Sambil Barquisimeto (cuando todavía era un oscuro pasillo). Tenía ganas de comer chatarra y lo único que había era Mc Donald’s (puaj!) y Wendy’s (doble puaj!)… ya había probado la hamburguesa de KFC (muy seca ella), así que quedaba una nueva opción: Church Chicken.

Al principio bien, como cualquier novedad todo era bonito: la atención bien, rapidez sorprendente (no terminabas de pagar cuando ya te esperaban con la bandeja de tu pedido al final de la barra, no exagero), y la agradable sorpresa de comer una hamburguesa de pollo (ellos le llaman: Pechu Sandwich) que aunque venía de una franquicia sabía a ‘calle’… desde entonces me quedé pegada.

Hasta que sucedió lo inevitable, el bendito servicio dejó de ser novedosamente bueno para pasar a ser típicamente mediocre: Cajer@s malencarad@s, esperas interminables, despachador@s lanzando desordenadamente los productos sobre las bandejas y el recurrente “No hay” cuando pides algo común del menú… ni hablar de los resoplidos de fastidio cuando pides servilletas o algún tipo de salsa extra. Casi todas esas situaciones las dejé pasar (no sin mi respectiva ‘mirada matadora’ eso sí), porque su hamburguesa me tenía cautivada.

Pero todo tiene un límite y la última que NO les dejé pasar fue la siguiente:

Llego a la caja y me atiende una chicha, de ella no me quejo porque hizo su trabajo como se debe (20 puntos!), sí noto que cuando le pido la hamburguesa se voltea y grita “PECHUSANDWIIIICH!!” ¿Para qué gritará si lo está marcando en el sistema? En fin, cada crew de trabajo con su maña, pienso yo. Pago y hasta le doy sencillo extra a la muchacha para que me de un cambio más redondo, ella me da mi tickecito y… hasta ahí llegó el amor. Espero… espero… espero… y despachan a los demás que esperan y yo… espero… espero… despachan a los que van llegando después de mí y yo… espero…

Me dirijo a uno de los despachadores y le pregunto por mi pedido (había salido hasta la de un amigo que llegó después, hizo cola, se tardó para pedir, esperó y lo despacharon), la respuesta fue “Ah sí, ya se la van a preparar” (APENAS??!)… pero nada, mi hamburguesa brillaba por su ausencia (de hecho conté cinco entre otros pedidos… ninguna para mí). A todas estas yo veía que el único encargado de prepararlas sacó las cinco que conté antes y después se puso a echar cuentos… literalmente. Me sentí como en un carritos de hamburguesas de la Bracamonte, donde al pana que las prepara le gritan a medida que llegan pedidos… osea, el ‘sistema’ era de adorno.

Háganse la imagen: Viernes + Hora de Almuerzo + Sambil atestado de gente + Grupete desafinado en tarima = Paciencia nula y a punto de estallar

Me acerco nuevamente a la caja y con cara de pocos amigos y le digo a la chica, en tono pausado pero tajante, “DEVUÉLVEME-EL-DINERO-POR-FAVOR”, poniendo el ticket frente a su cara (hice todo mi mejor esfuerzo para no ser grosera con ella, después de todo era la única que estaba haciendo su trabajo de verdad). Ella sólo pudo poner cara de susto/vergüenza/incredulidad y con voz chiquitica me dice “Déjeme terminar de atender al señor y le hago la devolución” :@

Afortunadamente me devolvieron el dinero completico y sin recurrir a la típica excusa de “El sistema no nos permite hacer devoluciones”… porque la pregunta sería ¿CUÁL SISTEMA?!

Luego me enteré que no era la primera vez que esto sucede… como tampoco era la primera vez del día :s

Ah, terminé comiéndome un Red Dog de Dog & Ball, que no deja mal a nadie pero tampoco es como para almorzar =(

Quejorio

diciembre 2017
L M X J V S D
« Ene    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Estamos en: