Ya hemos reseñado algunos sitios y servicios negativos por los que tenemos que pasar a diario, pero este espacio también es para darle lugar a quien sí entienden lo importante de ATENDER BIEN a su público.

El turno es para Rancho Bel, en el C.C. Metrópolis de Barquisimeto y la anécdota comienza así:

Era el cumpleaños de mi suegra y, como es costumbre, el plan era salir por allí a comer y tomarse unos tragos no más, la pregunta era ¿dónde? Porque ninguno quería ir al lugar de siempre, con las pizzas de siempre y los mesoneros amargados de siempre (no exagero, siempre terminamos celebrando los cumpleaños en el mismo sitio). Y entre sugerir y decidir todos apoyamos la sugerencia de ir a Rancho Bel… cero expectativas o predisposiciones.

Llegamos a eso de las 9:20 pm y, mientras ordenamos las bebidas y observamos el sitio, a mi suegro se le ocurre preguntar a qué horas cierran y le contestan que a las 10 :s ¡Pánico! Éramos 6 personas (+2 que faltaban por llegar), jamás íbamos a poder ordenar, comer y celebrar en menos de media hora… todos pusimos cara de tristeza y dijimos “Bueno, será que nos vamos”, pero el jefe de mesoneros (digo yo que era el jefe porque su uniforme era diferente) se nos acercó con total amabilidad a decirnos que no había ningún apuro, podíamos quedarnos a comer y celebrar sin problema… sólo nos pidió que ordenáramos la comida de una vez porque la cocina sí cerraba puntialita a las 10. No se dijo más y nos quedamos =)

De ahí en adelante la atención fue de primera, los mesoneros nos explicaban los platillos y sus contornos con mucha cordialidad, nos hacían recomendaciones y estaban siempre muy pendientes de tener a la mano cualquier cosa que necesitáramos: bebidas (alcóholicas y no alcohólicas, según el caso), agua, soda, servilletas, los cubiertos adecuados y hasta las copas adecuadas (no hay nada peor para nosotras que llegar a un sitio y que nos sirvan, por ejemplo, la cerveza en una jarra ideal para vikingos).

Otro punto a favor fue la comida, no sé si a ustedes les pasa lo mismo pero yo suelo desilusionarme mucho de un sitio cuando veo algo súper apetitoso y bien presentado en el menú y en lo que me lo llevan a la mesa parece una bandeja de feria de las comidas de un centro comercial, todo amontonado al estilo ‘como caiga’. Aquí no, lo que ven en la carta es lo que reciben… como para tomarle fotos antes de comenzar a comer.

Finalmente, cantamos cumpleaños, repartimos la torta (hasta a los mesoneros y bartenders les tocó un pedacito), pagamos por supuesto y nos fuimos con una gran sonrisa y, lo más importante (¡atención empresarios!), nos quedaron ganas de volver… algo que creo debería ser la norma en la mayoría de los sitios.

Y para que no digan que es sólo UNA opinión, dense un paseo por el blog de Edelweiss y verán que, coincidencialmente, ella también fue (por su cuenta y en un día diferente) y comparte las mismas impresiones que les acabo de narrar.