Era un viernes como cualquier otro, típico de salir a almorzar por ahí con los panas, y caimos en la hasta entonces nueva feria de las comidas del Sambil Barquisimeto (cuando todavía era un oscuro pasillo). Tenía ganas de comer chatarra y lo único que había era Mc Donald’s (puaj!) y Wendy’s (doble puaj!)… ya había probado la hamburguesa de KFC (muy seca ella), así que quedaba una nueva opción: Church Chicken.

Al principio bien, como cualquier novedad todo era bonito: la atención bien, rapidez sorprendente (no terminabas de pagar cuando ya te esperaban con la bandeja de tu pedido al final de la barra, no exagero), y la agradable sorpresa de comer una hamburguesa de pollo (ellos le llaman: Pechu Sandwich) que aunque venía de una franquicia sabía a ‘calle’… desde entonces me quedé pegada.

Hasta que sucedió lo inevitable, el bendito servicio dejó de ser novedosamente bueno para pasar a ser típicamente mediocre: Cajer@s malencarad@s, esperas interminables, despachador@s lanzando desordenadamente los productos sobre las bandejas y el recurrente “No hay” cuando pides algo común del menú… ni hablar de los resoplidos de fastidio cuando pides servilletas o algún tipo de salsa extra. Casi todas esas situaciones las dejé pasar (no sin mi respectiva ‘mirada matadora’ eso sí), porque su hamburguesa me tenía cautivada.

Pero todo tiene un límite y la última que NO les dejé pasar fue la siguiente:

Llego a la caja y me atiende una chicha, de ella no me quejo porque hizo su trabajo como se debe (20 puntos!), sí noto que cuando le pido la hamburguesa se voltea y grita “PECHUSANDWIIIICH!!” ¿Para qué gritará si lo está marcando en el sistema? En fin, cada crew de trabajo con su maña, pienso yo. Pago y hasta le doy sencillo extra a la muchacha para que me de un cambio más redondo, ella me da mi tickecito y… hasta ahí llegó el amor. Espero… espero… espero… y despachan a los demás que esperan y yo… espero… espero… despachan a los que van llegando después de mí y yo… espero…

Me dirijo a uno de los despachadores y le pregunto por mi pedido (había salido hasta la de un amigo que llegó después, hizo cola, se tardó para pedir, esperó y lo despacharon), la respuesta fue “Ah sí, ya se la van a preparar” (APENAS??!)… pero nada, mi hamburguesa brillaba por su ausencia (de hecho conté cinco entre otros pedidos… ninguna para mí). A todas estas yo veía que el único encargado de prepararlas sacó las cinco que conté antes y después se puso a echar cuentos… literalmente. Me sentí como en un carritos de hamburguesas de la Bracamonte, donde al pana que las prepara le gritan a medida que llegan pedidos… osea, el ‘sistema’ era de adorno.

Háganse la imagen: Viernes + Hora de Almuerzo + Sambil atestado de gente + Grupete desafinado en tarima = Paciencia nula y a punto de estallar

Me acerco nuevamente a la caja y con cara de pocos amigos y le digo a la chica, en tono pausado pero tajante, “DEVUÉLVEME-EL-DINERO-POR-FAVOR”, poniendo el ticket frente a su cara (hice todo mi mejor esfuerzo para no ser grosera con ella, después de todo era la única que estaba haciendo su trabajo de verdad). Ella sólo pudo poner cara de susto/vergüenza/incredulidad y con voz chiquitica me dice “Déjeme terminar de atender al señor y le hago la devolución” :@

Afortunadamente me devolvieron el dinero completico y sin recurrir a la típica excusa de “El sistema no nos permite hacer devoluciones”… porque la pregunta sería ¿CUÁL SISTEMA?!

Luego me enteré que no era la primera vez que esto sucede… como tampoco era la primera vez del día :s

Ah, terminé comiéndome un Red Dog de Dog & Ball, que no deja mal a nadie pero tampoco es como para almorzar =(