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Por: Edelweiss
Ya me había ido muy bien en Cinex para ser verdad. Yo prefiero ir a ese cine antes de tener que ir a Las Trinitarias, porque ese centro comercial es un hervidero de desesperación y de gente que uno nunca se quiere encontrar. Así que prefiero Cinex, en Babilón o Metrópolis.
Sin embargo, hay un factor fundamental que es terrible en Cinex: el sistema de reservación. Somos muchos los que preferimos reservar porque no tenemos paciencia para hacer colas y además, tener la entrada segura al llegar. No sé si lo han intentado por teléfono, pero es imposible. En la cartelera en el periódico aparece un *cine para llamar desde el celular, donde NUNCA atienden. Como segunda opción aparece un 200.cine, número que de entrada parece raro, porque no es un 0500 o 0800, que es lo usual. Como en el número del asterisco jamás responden, la gente intenta con el 200. Hace mucho tiempo llamé del celular a ese número misterioso y me quedé loca cuando me cayó la contestadota de alguien que decía: “si usted está llamando a Cinex debe marcar 0212-2002463 -o sea, 0212-200.cine!!!-, y si en realidad me está llamando a mi, deje su mensaje”. Claro, es lógico, 2002436 es el número Movilnet de alguien que ya debe estar harta de que la llamen para reservar entradas, y en ningún lado, 3 años después hacen ninguna aclaratoria al respecto. Ya ella debe haber cambiado su número.
Lo cierto es que, en ese 0212.200.cine no se puede reservar para el interior, jamás atiende alguien que no sea una contestadota, es un paquete, pues. Y la página web tiene un montón de advertencias que te dicen que no es una página segura, que no ingreses allí tus datos…y con la cantidad de veces que me han tumbado real por tarjeta de débito, ni loca meto mis datos en un sitio con semejantes advertencias.
Así que al ir a Cinex, no queda más que calarse la cola, que en Babilón, por ejemplo, suele ser más corta y rápida.
Fui al Metrópolis y el episodio “buzón de sugerencias”, ocurrió en la “dulcería” como le llaman ellos… Yo siempre prefiero hacer la cola mientras Nelson busca los puestos o hace la cola para entrar, saben por qué? Porque normalmente no hay lo que yo quiero comer y tengo que pensar en un plan B.
5 cajas, 4 cerradas. Ya por ahí vamos mal. Llega mi turno, pido dos perros un refresco grande, un Cocosete y además, dos cajitas de cotufas que estaban regalando con las entradas. Cuando tenemos todo el pedido sobre el mostrador, el cajero dice “tenemos todas las bandejas ocupadas, se lo va a tener que llevar así”. Y por supuesto, me activó el suiche. O sea, un perolero, un montón de cosas que se derraman, que no se pueden llevar varias a la vez en la mano porque alguna se va a caer, así seamos dos personas. Además, mi engreída condición de cliente, no me permite aceptar jamás una respuesta como “las bandejas están ocupadas”. Y le pregunto: “¿Tienen 3 mil personas en el cine y tiene sólo 100 bandejas?”…y él dándosela de pilas me responde: “Hay más de 3 mil personas en el cine ahora”. Entonces, me instalé en la caja y le dije que hasta que una de esas 3 mil no soltara una bandeja yo no me iba a mover de ahí con ese montón de cosas en la mano.
Sé que a veces pueden parecer exageradas esas reacciones, pero es justamente por el conformismo, por la resignación y por el “qué más queda”, que ningún servicio en este país sirve para nada y nadie se esfuerza por atender bien en los negocios… y tampoco por comprar suficientes bandejas para cuando se les llene el cuarto de agua.
El señor que estaba detrás de mí en la cola, visualizó por allá tirada una bandeja que alguien había dejado, sucia por supuesto, y me la trajo. Le digo entonces al cajero… ajá, y quién se encarga de esto, porque ni modo que me la lleve sucia??? Molesto, llamó a una de sus compañeritas para que me limpiara la bandeja y me la entregó. El señor de la cola me dijo que estaba bien, que había que quejarse para que las cosas medio funcionaran… me dio cuerda, pues.
Ahí se me pasó, porque una vez que tengo lo que quiero, esos arranques se me pasan rápido…pero me amotinan demasiado esas cosas tan básicas, sencillas, que no pueden ser cubiertas.

En realidad, posts como estos se veían venir, y ahora con esa moda de la “nacionalización” de ciertas empresas pues imagino que serán más frecuentes… lo digo por lo siguiente: En mi casa estamos desde el lunes de la semana pasada sin teléfono, y todo gracias a la eficiente labor de nuestra nueva roja-rojita CANTV que ahora no deja que uno se atrase ni un día con el pago porque te cortan el servicio sin derecho a pataleo (en eso sí son puntualitos caracha).
Anteriormente, los recibos del servicio telefónico nos llegaban en la raya, es decir, un día antes de la fecha tope de pago (entiendo que esto no depende 100% de CANTV sino de Ipostel también), pero al menos llegaban y nosotros sabíamos que el monto final no era el que debíamos pagar ya que ahí se reflejaba también el saldo anterior (ya cancelado) por el hecho de pagar después del día indicado… y eso también lo sabían tanto en las oficinas de atención de CANTV como en las taquillas de paso para pago de servicios, así que en general nunca tuvimos mayor inconveniente (y JAMÁS nos cortaban el servicio porque obviamente estábamos al día).
Por supuesto, esa relación de respeto llegó a su fin el día que cambiaron de ‘color’… resulta que ahora los recibos no llegan, no sabemos cuánto debemos pagar, se acumulan los montos a pagar (en algún lugar de este burocrático sistema, porque en mi casa no) y es cuando se ejecuta la acción para la que sí piensan los empleados de esta compañía: nos quitan el servicio.
Hace unos meses, mi mamá (muy metódica y responsable en lo que a pagos se refiere) quiso ser proactiva y se tomó la molestia de ir ella hasta las oficinas de CANTV, pidió saldo y pagó… algo que a mí me pareció un error, les digo por qué: Dos meses después de eso llegaron las CUATRO facturas acumuladas, cada una con un monto más incomprensible que las anteriores, donde se reflejaban cantidades sin pagar que en realidad ya habíamos cancelado meses atrás, y donde por supuesto el saldo final era algo exhorbitante y ridículo. Mi mamá tuvo que buscar los recibos anteriores (menos mal que ella los guarda TODOS) y ahí estuvimos como media hora descartando cifra por cifra hasta llegar al monto que sabíamos sí correspondía con nuestra deuda real… esto enseñó a mi madre a no fiarse ni siquiera de lo que ahora dice el papel, mucho menos en el saldo que refleja ‘el sistema’ cuando ella se acerca a las oficinas correspondientes.
A todas estas, también está el factor empleado/sistema: Si uno va con el recibo más reciente, sabiendo que tiene que pagar menos por lo del saldo acumulado ya cancelado, no es suficiente, porque en la taquilla te responden “Si esa cantidad es la que dice la factura, eso es lo que debe pagar” o “Así me lo indica el sistema”… será que pueden finalmente aprender a sumar y restar y darse cuenta que NOS ESTÁN ROBANDO????
En fin, como ya les dije, tenemos una semana sin teléfono y la única factura que debemos brilla por su ausencia… pero lo que soy yo no doy ni medio por seguir alimentando la ineptitud y las políticas improvisadas de estas empresas de quinta… república.

Por: Feli
DALE VIDA A TUS IDEAS…
Parece que el BANCO DE VENEZUELA se está preparando para lo que seguramente será su funcionamiento una vez que sea “adquerido” por el gobierno. Cuéntoles que al mediodía del pasado lunes 01-09-08 acudí a los cajeros automáticos ubicados en la calle 31 entre 19 y 20. Como son cuatro siempre hay más oportunidad de realizar las transacciones que en las demás oficinas o en otros cajeros situados en puntos de difícil acceso si uno va a eso nada más.
Peeero… sólo estaba funcionando UNO de ellos. Tenía unas quince personas en la cola, que al final siempre son más debido a los usuarios que repiten las operaciones (los novatos, los que nunca aprenden, los mañosos que sacan el dinero por partes, los que primero consultan, las tarjetas de otros bancos que no pasan, las defectuosas del mismo banco y todo lo demás). Y aquel solazo inclemente.
Esto último me hizo optar por un cajero ubicado dentro del banco, a la sombra, aire acondicionado e inexplicablemente (para ese momento) con menos gente que el de afuera. Eran pocos los tarjetahabientes en la cola y como siempre, mientras esperaba retomé la lectura del libro de turno: “La virgen del baño turco”, de Sonia Chocrón, regalo de Anairene por mi cumpleaños.
La cosa iba muy lenta y pensé que me habían tocado delante puros novatos que al final parecía que se cansaban y se marchaban o se ponían de nuevo en la cola, como haría yo mismo más tarde. Para resumir, enumeraré:
1. Ese cajero de adentro es el más lento del mundo, hasta para los nuevos usuarios.
2. Después de introducir la tarjeta tarda un año para preguntar si uno va a querer comprobante. Es tan lento que uno cree que no leyó la tarjeta y la vuelve a meter con lo cual interrumpe el desarrollo de la operación y tiene que empezar de nuevo.
3. Esta vez espera el año para que aparezca SI o NO. Ahí le indica que marque su clave secreta y la tecla CONTINUAR.
4. En los demás cajeros uno marca seguidos los cuatro dígitos de la clave y de inmediato en un recuadro aparecen cuatro equis (XXXX), para después pulsar la tecla CONTINUAR. En este cajero no pasa nada hasta otro año después.
5. Como ya uno va comprendiendo el asunto, empieza de nuevo. Llega al punto de marcar la clave y pulsa el primer dígito, espera los tres meses reglamentarios para que aparezca la primera X para poder marcar el segundo y así sucesivamente hasta completar el año. No puede volver a pulsar el mismo dígito mientras la X no sea visible porque la clave sería incorrecta y entonces deberá volver a empezar.
6. Transcurrido ese año y la clave es la correcta, hay que marcar la tecla CONTINUAR. Tarda otro año para preguntar qué es lo que uno quiere hacer: retiro, consulta, movimientos… Si mientras no pasa nada se le ocurre pulsar nuevamente CONTINUAR (pensando que tal vez no pulsó bien) lo que aparece al año es: TRANSACCIÓN CANCELADA POR USTED!!!!! Procede volver a empezar. Cada vez con más cuidado.
7. Llegamos al punto de marcar RETIRO. El cajero pregunta el tipo de cuenta y ofrece varias opciones : 10, 20, 50, 100, 150, OTRO MONTO.
8. El mío era otro monto, 200 Bs.F para ser exacto. Ahora sí, rapidito, apareció en un recuadro más o menos lo siguiente: “EN ESTE MOMENTO NO ES POSIBLE DISPENSAR ESA CANTIDAD, INTENTE UN MONTO MENOR”.
9. Aquí fue cuando decidí volver a colocarme en la cola, como había visto hacer a otros sin entender por qué, pero es que daba pena la cosa. Quedé de tercero.
10. Esta vez elegí 150 y volvió a aparecer el letrero “EN ESTE MOMENTO NO ES POSIBLE…”
11. El que venía era año bisiesto. Como todos, perdí el tiempo, salí sin medio y en la calle ya la cola era más larga. Pensé, como dice una amiga vieja: “Mejor dejemos esa m… pa mañana” y me fui a mi casa. A darle vida a mis ideas.

Por Edelweiss (Foto de Adri en Subway del C.C. Arca)
Eso de guardar los tickecitos que le dan a uno en Subway nunca ha sido mi hobby porque tengo muy poca paciencia para eso. Sin embargo, a Nelson le agrada guardar estratégicamente cada papelito que parece una estampilla y pegarlo en el cartoncito Subway. Y a la larga es fino, porque con el cartón lleno, tienes un sánduche como recompensa por ser cliente fiel.
Con el fulano cartón lleno, como si se tratara de un álbum de barajitas, fuimos al Subway del Churún Merú, y nos confirmaron lo que ya habíamos oído antes: Ya que los han estado falsificando, hay que llevar junto con el cartón y las ocho estampillas pegadas, las ocho facturas que comprueben que tú compraste esos sánduches… “¡¿Las ochoooo???!!!!”, exclamamos-preguntamos al unísono, y el vendedor respondió: “bueno, por lo menos seis”, que es más o menos lo mismo, al final.
Tal vez ustedes lo sabían desde hace tiempo, tal vez y hasta cargan su montón de facturas en la cartera o ya las han cambiado y todo, pero a mi eso me parece totalmente absurdo, un método con el cual se pierde el sentido de esa eterna promoción en el momento en que tú tienes que demostrar que mereces ese sánduche.
Si ya de por sí es una ladilla guardar los tickecitos que son mínimos, que se pierden, que uno no los guardó junto con el cartón y tiene uno por aquí, y el otro por allá… cómo será la ladilla ahora de tener que cargar encima las facturas de cuanto sánduche uno se come en Subway. Ni hablar del papelero en la cartera, como si uno no tuviera ya que guardar suficientes cosas a diario. Si es una mujer, seguramente en algún cambio de cartera habrá un pelón y se quedan las facturas, y si es un hombre, seguramente esté perdido sin idea de dónde las puso. Y si es precavid@, entonces andará con la cartera full de facturas. Y qué pasa con aquella nota de “tengo el cartón lleno y se lo regalo a un pana para que coma en Subway”, como lo vi tantas veces.
Pensando en todo eso, le pregunto al vendedor “pero la gente sí hace eso, guardan todas las facturas, para venir luego… 1, 2, 3 meses después a cambiarlo?”… Él respondió: “claro, todos lo hacen”. ¿Será verdad? De ser así, yo los admiro…
En uno de los ataques estilo “Edelweiss”, Nelson rompió en el mostrador el cartoncito lleno…después de todo, luego de haberlo completado, qué iba a hacer? ¿Esperar comer 8 veces más allí para acumular las 8 facturas que avalaran esos tickets? Ni que nos la pasáramos metidos en Subway….Finalmente, hicimos la compra normal y él pegó las estampillas nuevas en la factura que nos dieron, cosa más lógica para este procedimiento. Y digo “las estampillas”, porque en vista de que les faltaban 200 bolívares viejos para darnos el vuelto, nos dieron dos estampillas de más, que a la larga no sirven de nada, porque en total tendríamos tres estampillas y una sola factura. ¿No es un completo sinsentido?
Yo entiendo que no quieran ser víctimas de trampas y engaños, pero el cliente es el que siempre tiene que pagar los platos rotos con medidas poco prácticas y ridículas como esta. Y por eso también me quejo!



