Aunque siempre me ha gustado leer, es desde hace poco tiempo (10 años tal vez) que me he ido entregando al divino vicio de buscar libros según mis gustos de lectura y comprarlos (antes generalmente eran prestados). Y para mí era genial entrar a una librería, pequeña o grande, sentir el olor a ‘libro nuevo’, buscar y saber que en cualquier momento de mi búsqueda podía detenerme a preguntar a algún vendedor o encargado por la existencia de algún ejemplar en particular. Siempre era atendida, con mayor o menor grado de amabilidad, pero nunca me fui sin una respuesta satisfactoria de ninguna librería.

Todo cambió con la llegada de las franquicias (no quiero decir que las franquicias sean malas, pero igual noto un patrón aquí), porque repitiendo lo descrito en el post anterior, la relación comienza muy bonita: caras sonrientes, amabilidad desbordante y respuestas para todo, hasta el “Está agotado” suena bonito… pero ese amor se acaba pronto.

En un principio, cuando por cualquier motivo me tocaba ir al CCC Las Trinitarias, una de mis paradas obligadas sin excepción era Tecni-Ciencia Libros, y creo que no había día que no saliera con un libro en la mano, pero ahora que el servicio ha estado decayendo lo pienso dos veces para entrar (sólo lo hago si tengo un libro específico en mente)… lo mismo aplica para la tienda del Sambil.

Lo que me lleva a escribir esto es una situación en particular: desde Diciembre mi novio y yo hemos estado buscando la serie de libros de La Torre Oscura, de Stephen King; acoto que sin querer compramos un ejemplar y resulta que era el último de la serie, osea, no entendimos nada cuando intentamos leerlo; resulta que luego de documentarnos mejor caímos en cuenta que eran 7 libros en total y bueno, comenzamos con la búsqueda de los 6 primeros… tomando en cuenta lo difícil que ya estaba la distribución de libros en el país. Al cabo de un mes conseguimos el Tomo I (El pistolero), lo leímos y por supuesto quedamos con ganas de más. Tiempo después, mientras buscábamos el Tomo II (La llegada de los tres), conseguimos el VI (Canción de Susannah), y así hemos estado hasta el sol de hoy, cuando nos siguen faltando el Tomo II y el IV… nada de suerte.

A todas estas, por cuestión de comodidad y cercanía terminamos yendo a Tecni-Ciencia (hay otras librerías en el perímetro, pero suelen tener un ‘horario de oficina’ nada práctico para nosotros). Es entonces cuando hemos padecido lo peorcito del servicio, cuando nos atienden, claro: miradas de fastidio (acompañadas de resoplidos de pereza), respuestas ininteligibles (“Disculpe, por dónde están los libros de Stephen King?”, a una encargada, “mñmñnñnñn-llá”, medio levantando el dedo y sin quitar la vista de un papel en sus manos) y hasta indiferencia total… prueba de mi invisibilidad pues. Pero la respuesta que más me ha dado risa sucedió en la tienda del Sambil, y demuestra la falta de preparación que tienen estos trabajadores en su ocupación: El día que consigo el Tomo III (Las tierras baldías), mientras estoy pagando, le pregunto a la chica de la caja “¿Será que saben cómo para cuando les llega el resto de los tomos?” y le explico que los he ido comprando de forma desordenada porque no llegan todos etc. etc. etc… ella le da un vistado al título del libro y me dice (en tono muy guaro) “Ay pues yo no sé, porque como a mí no me interesan ese tipo de libros pues no estoy pendiente de si los han traído todos o no”… ¿no es como para ahorcarla?!! No sé, tantas cosas que hubiese podido decir, para quedar mejor ella y dejar bien parada a la tienda: “La distribución de libros ha estado difícil y no tenemos fecha exacta…”, o “No señorita, no sé, pero seguramente la encargada debe tener alguna información…”, algo que sonara a que pensó!!!! :s

En fin, yo sigo con mi búsqueda sin fin… no sé, tal vez volviendo a las raices de las buenas pequeñas librerías (y escapándome del trabajo para poder conseguirlas abiertas) logre completar mi colección inconclusa.

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